—Se llama Beatrice Okonkwo. Dirige una fundación literaria que financia programas de escritura para niños en escuelas desatendidas.
Adaeze relató los detalles durante el café de la mañana siguiente, claramente encantada consigo misma a pesar de la leve exasperación de Bianca por haber sido ofrecida como voluntaria para una presentación profesional sin aviso.
—Mamá, no puedes simplemente decirle a la gente que voy a darles consultoría sin preguntarme primero.
—No le dije que lo harías —dijo Ad