—No puedo con el broche. Las manos no se me quieren quedar quietas.
Zoe lo dijo, parada en el mismo pequeño cuarto de vestir donde Bianca alguna vez se había preparado para su propia boda, batallando con el delicado broche de un collar mientras Adaeze y Kemi rondaban cerca con partes iguales de emoción y energía nerviosa.
—Déjame —dijo Bianca con delicadeza, cruzando el cuarto para ayudar, cerrando el broche con manos cuidadosas y practicadas—. Listo. Te ves hermosa.
—No me siento lista —admi