Capitulo 41: Las sospechas de la tercera esposa.
—Es cierto, pero ya no hay que fingir —decía Landel más tranquilo, ahora sentandose sobre un sofá, con el libro en sus manos al que echó un vistazo por curiosidad.
Yurina por otro lado tomó su copa y vertió más vino en ella.
—¿No quieres un trago? —preguntó ella al Rey.
—No, estoy bien así.
Ella curiosa se levantó de su asiento y se sentó en uno de los descansa brazos del sofá donde estaba Landel.
Él posó sus ojos dorados en ella por unos segundos, para después sin darle mayor importancia,