ADRIANO
Desperté antes que ella.
El sol apenas comenzaba a asomarse por la ventana, y la habitación estaba teñida de tonos cálidos, dorados, como si el mundo supiera que algo había cambiado.
Y sí. Había cambiado. Yo había cambiado.
No sabía qué era respirar hasta que la tuve entre mis brazos, latiendo conmigo. No sabía lo que era estar vivo hasta que entré en ella, hasta que sentí su calor envolviéndome con la misma urgencia con la que yo la reclamaba.
Era mi primera vez después de haber estado