35. ¡Son mis mellizos!
Antes de que su hermano pudiera decir nada más, caminó hasta quedar frente a él. Sammael lo enfrentó con una ceja alzada, su expresión fue casi de burla. Estaba tentado a propinarle una golpiza... pero ahí no sería el lugar.
—Eres a la última persona que ella querría ver. Por algo firmó esos papeles de divorcio hace unos días. La has humillado públicamente al ser captado siéndole infiel; no tienes derecho siquiera a decir su nombre con tu sucia boca —declaró con dureza—. Te sugiero que te calle