26. ¿Quieres ser mi esposa?
No sé qué pensar ni tampoco quiero que se note la sorpresa en mi cara, porque sé que me van a mirar con esas caras de pocos amigos que siempre me miran para decir que yo tengo la culpa.
—Gracias, mamá.
¿Qué más voy a decir? No le voy a decir que no quiero porque sé que me va traer problemas el poner una cara de incredulidad. Me humedezco los labios, mordiendo el inferior, y cambiando la posición de mis caderas cuando siento la mano de Alexei en mi cintura, con esa delicadeza tan petulante que q