DANTE
La pulsera con la “S” quema en mi bolsillo mientras subo las escaleras de la bodega, el aire frío de La Brasa Oculta cambiando por el olor rancio de una cocina que lleva semanas muerta.
No sé si es de Serena Castelli, no sé si ella estuvo aquí conmigo, pero su nombre me sigue como un fantasma, y esos mensajes en mi teléfono—“Te quiero a las diez, S”—me dicen que éramos algo. Amantes, joder. Voy a encontrarla, voy a entender qué mierda pasó entre nosotros, pero primero necesito saber si es