La Voz que se Queda.
No fue una decisión, no hubo un momento previo, una balanza interna, una lista de razones. No pensé a quién debería llamar, simplemente levanté el teléfono cuando la duda apareció y marqué un número sin mirar dos veces la pantalla.
Después entendí que eso, justamente eso, era lo importante.
La duda había surgido como surgen ahora todas: sin forma clara, sin acusación, sin emoción intensa.
Una sensación vaga, casi administrativa, algo que no cerraba del todo en una fecha, en una secuencia, en un