Unos días después, Santiago, el hombre que Sophia había conocido en la playa, entra a una de las cafeterías del pueblo.
_¿Me puede dar un café y uno de esos pasteles que veo allí por favor?_ Dice él señalando los pasteles.
_Claro que si_ Le contesta el dueño de la cafetería_ Mientras pone sobre el mostrador el café y el pastel.
Santiago se siente en una de las mesas y después de un sorbo de café le da una probada al pastel, al hacerlo, queda fascinado, tanto, que le pregunta al dueño de la cafe