Logan alzó la mirada al escuchar la puerta de su despacho abrirse, Marcos quien era el que soportaba el mal humor de su jefe, entró al pedir permiso.
—¿Está aquí? —Preguntó Logan impaciente. —Hazlo pasar. —Ordenó al ver el asentimiento de su asistente.
—Puede entrar. —Dijo Marcos al dirigirse al hombre que esperaba afuera.
—Señor Morrison. —Le estrechó la mano. —Vine en cuanto lo supe. —Logan simplemente asintió.—¿En qué puedo ayudarlo exactamente?
—Necesito encontrar a mi esposa, tendrá ayu