— ¡Sí, papá soy yo, estoy en un problema, mamá me dijo…!
— ¡DAME ACÁ! – se escuchó una voz áspera y ruidos en el auricular – ¿Usted es el padre del chico?
Una voz ruda se escuchó desde el otro lado, sobresaltando a Albert.
— Sssí, sí, soy yo… — respondió, hasta medio con dudas.
— Que sepa que nos debe un dinero gordo, que pidió un préstamo para jugar y no quiere pagar ahora. Nos dijo que su familia era rica, hablamos con su madre y prometió saldar la deuda, pero el tiempo pasa, Sr. Papá y n