— No tienes dinero para pagarnos, pero sí para dormir con putas, de verdad que me parece, que no nos estás tomando en serio.
El hombre se sentó en un asiento de la esquina y sacó una navaja del bolsillo, para ponerse a limpiar sus uñas con la punta.
Los ojos de Robert se abrieron en pánico mirando la afilada hoja.
Era un señorito acostumbrando a hacer sus desastres impunemente y que su madre fuera atrás pagando, sobornando e intimidando.
¡Espera, su madre era la solución!
— ¡Espera, esper