El cuarto estaba un poco en penumbras, pero el Sr. Alonso se encargó enseguida de caminar hacia las cortinas y abrirlas de golpe, dejando a la vista todo tipo de rastros ambiguos.
Ropa tirada a lo descuidado en el suelo, copas de licor vacías sobre una mesa, con dos botellas completas terminadas, la cama echa un desastre que gritaba por todos lados, ¡aquí hubo acción anoche y de la buena!
— ¿A… abuelo? – Mildrey fue la primera en reaccionar.
Se llevó la mano a la cabeza que le dolía horrores.
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