—¿Tía? ¿Qué pasa? —preguntó Lucía, con la voz aún algo agitada por la sorpresa.
—Lucía, cariño. Perdona que te llame a estas horas. —La voz de la tía Marisol sonaba tan cálida como siempre, intacta a pesar del tiempo que llevaban sin hablar—. ¿Estás bien? ¿Te estoy interrumpiendo?
—No te preocupes, tía. Acabo de llegar a casa. —Lucía se levantó del sofá y se alejó de Mateo hacia la ventana, aunque sabía que él seguía observándola desde su asiento—. ¿Qué pasa? No es normal que me llames tan ta