Capítulo 41

El coche avanzaba despacio hacia el Hogar Elena. En el asiento de atrás, los niños estaban extrañamente callados. Por lo general, iban haciendo ruido, molestándose entre ellos o cantando a gritos las canciones que acababan de escuchar en la radio. Ahora, solo se oía el motor y sus propias respiraciones.

Lucía echó un vistazo por el espejo retrovisor. Vio a Pablo, el más pequeño, abrazando sus rodillas mientras miraba al vacío por la ventana.

—Pablo, ¿estás bien? —preguntó Lucía, intentando que
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