ADA
Siete años después
El auto detrás de mí tocó la bocina mientras me detenía junto al espacio de estacionamiento vacío.
— ¿En serio? —Levanté las manos, mi humor pasando de estresado a furioso en un segundo.
Había puesto la direccional mucho antes de llegar al espacio vacío. Pero no. El conductor detrás de mí decidió pegarse a mi trasero como si nunca hubiera visto a alguien estacionarse en paralelo.
Apretando los dientes, volví a poner las manos en el volante y retrocedí. El día ya era ba