Parte 2
La historia de Adamaris y Dylan
ADA
— ¿Disculpe? ¿Señorita?
— ¿Eh? — Me sobresalté y parpadeé, el brillo del aeropuerto volvió a enfocarse.
Una mujer con mechones rubios en el cabello me miró con el ceño fruncido, los ojos entrecerrados. Me enderecé en el asiento y me limpié un hilo de baba de la comisura de la boca. ¿Cuánto tiempo había estado dormida?
La mujer cruzó los brazos. — ¿Le importaría guardar su… —carraspeó y bajó la voz— sombrero de pene?
— ¿Mi…? — Confundida, llevé un