Dos días viviendo sola en la isla, parecían una eternidad para Meghan. Ahora, solo podía abrazar su almohada en la lujosa cama.
Cuando caía la noche, Meghan prefería cerrar todas las puertas, especialmente las del dormitorio. Temía escuchar ruidos extraños de repente.
"Qué malvado es Axton. Podría morir de miedo si esto continúa así," decía con la cara fruncida de miedo.
Sus ojos azules seguían moviéndose de un lado a otro. Cambió de posición, se acostó boca arriba y aferró el extremo de la man