Su primer deseo fue rodearle el cuello con los brazos, pero, imitándolo, limitó su entusiasmo a una sonrisa tan profesional como la que él le dirigió a sir Frank.
—Bueno —comentó el hombre mayor—, creo que esto requiere una celebración. ¿Les parece una cena a las ocho?
—Lo siento, sir Frank —repuso Jye—, pero debemos regresar al continente tan pronto como sea posible. ¿Puedes arreglar que tu piloto nos lleve al aeropuerto esta tarde?
La solicitud de Jye provocó un dolor agudo en todo el cuerpo