En el momento en que su lengua encontró la suave humedad del labio inferior de Steff, el deseo que lo desgarraba era visceral. Gimió y su gloriosa intensidad lo hizo cerrar los ojos.
—¡Oomph!
Por segunda vez en menos de doce horas ella lo pilló desprevenido. En esa ocasión lo empujo haciendo que perdierae equilibrio y callera en el piso sobre su trasero, aunque no lo tumbó al suelo con ninguna de sus tecnicas de defensa personal, logro inmovilizarlo colocando un pies sobre su pecho.
—Apártate