—¡Eh, espérenme!
La visión de Steff corriendo por el muelle hacia el crucero hizo que Jye sintiera una oleada de alivio, a pesar de todo ambos aunsabian que debian de concluir la trasaccion de la compra del negocio de los Mulgan. Cuando llegó el momento de tener que irse al embarcadero, Steff seguía encerrada en su cuarto, de modo que Jye llamó a la puerta y le expuso cuáles eran los planes para esa tarde. Él interpretó su falta de respuesta, aparte de un vehemente «¡Bien, espero que naufraguen