La sala de estudio quedó en un silencio sepulcral, como si el aire mismo se hubiera congelado.
Silvio no se apresuró a romper ese crucial momento de quietud, le dio tiempo suficiente para digerir y reflexionar un poco.
Pasó un buen rato antes de que Elena rompiera el silencio. Con una sonrisa amarga, dijo: —Aunque todo lo que dices sea cierto, ¿qué pruebas tienes de todo esto?
Él rio suavemente, con un toque de resignación en su voz: —Tuvo suerte. La noche anterior de que pensara actuar, resolvi