Emprendieron la caminata una al lado del otro, tras haber dejado en la mansión la pequeña Alba que dormía y los regalos que serían llevados por Igor hacia la habitación matrimonial.
—Creo que comienzas a ponerme un poco nerviosa —le dijo Amaia— desde anoche has estado renuente a hablar conmigo.
—No se trata de estar renuente precisamente aunque, si quería retrasar un poco este momento porque quería que disfrutáramos de mi regreso. Sé que estás enfadada porque me fui sin despedirme pero ten