Apagó las luces de la oficina y salió, se le había hecho muy tarde, pero odiaba llevarse trabajo a casa, prefería quedaría allí y no irse hasta terminarlo.
—¡Mark!—no sabía que aún quedaba alguien más, pero la voz detrás de él se lo confirmaba. Era Mariana Medina.—Aún sigues aquí.
—Ya me voy. ¿Tú también?
—Sí, pero iba por un trago. ¿Te apuntas?
—¿Solo tú?
—Y tú, si te apuntas.
—Tengo hambre, no me apetece un trago.
—Entonces vayamos a cenar.—propuso su compañera. Claramente era una invitación.