—Deberíamos dejar de besarnos antes de que llegue Mayra.—sugirió Mary, aunque ella era la primera que volvía a reanudar el beso. Perdida entre sus besos y las caricias que dejaban sus mano.
—¿Tú crees?—dejó sus manos rodear su espalda sin que Mary pudiera alejarse.
—¿No tenías hambre?—le recordó.
—Ya estoy comiendo.—susurró contra sus labios. Tomó los hombros de Mary Jane, haciéndola poner de pie, la sentó sobre sus piernas y desde allí el beso cambió de rumbo. Las manos de Mary se aferraban a