Robert se puso de pie para recibirla, dejó una mano en la cintura de Alice y no fue necesario atraerla hacia él, porque la mujer dio un paso junto a Robert, levantó su rostro y buscó con sutileza los labios de su pareja. Antes que nada, Robert sonrió.
—¿Qué tan afortunado soy?—preguntó con enorme sonrisa.
—Eso lo veremos esta noche.—Le susurró Alice luego de besarlo.—¿Estaban muy entretenidos sin mí?—tomó asiento junto a Robert, luego de rechazar sentarse en las piernas de él.
—Tengo sueño.—Noe