Le dio mucha alegría ver a Loren, pero más que nada se llenó de emoción al ver que estaba fuera, que ya salía de allí.
El traslado fue la parte más sencilla y al llegar a la casa, pese a que su hijo y su padre la esperaban, no fue de inmediato color de rosa, porque Alice tenía que recibir un montón de indicaciones más aquella pulsera en su muñeca que permitía tener acceso a su localización en tiempo real.
Había pasado casi una hora de estar allí y todavía no tenía a su hijo en brazos.
Robert ta