Capítulo 30

—¿Quieres salir? —siento unos brazos fuertes rodeando mi cintura—, no quiero tenerte prisionera.

Mi esposo me sorprende admirando lo que se ve tras esta ventana, suspiro al ver a las personas caminar con emoción y no se diga de los niños que saltan por su pequeño juguete que llevan en sus manos.

Estamos casi a unos día

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