Mientras me dirigía a visitar a la reina madre, un dolor agudo comenzó a instalarse en mi vientre.
Cerré los ojos un instante.
Conocía demasiado bien esa sensación.
—No debí vestirme de blanco —murmuré para mí misma mientras bajaba la vista hacia el vestido.
Mi periodo siempre llegaba sin avisar. Bastaban unos cuantos minutos para que los cólicos comenzaran a retorcerme el estómago y el sangrado apareciera de golpe, abundante. Una punzada más intensa me obligó a detenerme e instintivamente junt