Al llegar a casa, esa noche, después de una jornada extenuante en la academia, en la que Ivania cada día se convencía más de que no lograría pasar el siguiente examen de inglés, Jaime la esperaba en el comedor, con la cena servida a media luz, entre velas encendidas.
—¿Y esto? —preguntó Ivania luego de saludarlo con un beso.
—Es lo que mereces por tus esfuerzos de cada día, bebé —respondió Jaime mientras la llevaba de la mano a la mesa—. Antonella ya está dormida, lo mismo que mi mamá, así que