Estaba sentada entre los dos hombres que, en ese momento, suspiraban por ella. Jaime, con las cervezas que había ido a pedir a la barra y Mario extrañado por verla en compañía de otro. Ivania se adelantó al estupor de sus dos pretendientes.
—Jaime, te presento a Mario —dijo con una sonrisa forzada luego de levantarse, recibir la cerveza y pararse entre los dos. Ambos eran altos, lo que la hizo sentir, por un momento, como una pequeña ratona que mediara entre dos salvajes leones—. Mario, él es