Era desesperante no recibir más información de mi familia y tenía miedo de no estar para Viktor y para mis pequeños. Mi corazón ardía por la ansiedad. Después de desayunar en silencio ante la mirada insistente de Hakeem, las doncellas me llevaron al enorme baño donde me quitaron el blusón de seda y me remojaron en agua de rosas. Lavaron mi cabello y untaron aceites en mi piel. Era el trato que recibiría una princesa, pero no lo quería. ¡¿Qué hacía aquí, tan lejos de mi familia, tan lejos del ho