Riendo a carcajadas, Max metió su mano por el escote de Layla, humillándola ante mis ojos sin que pudiera hacer algo para detenerlo. Las lágrimas y la desesperación de mi hermosa princesa me estaban carcomiendo.
―¡¿Qué es lo que quieres?! ¡Pídeme lo que sea y te lo daré! ¡Solo déjala en paz! ―supliqué, por primera vez en mi vida estaba dispuesto a doblegarme.
―Eso hubieras pensado antes de humillarnos a mí y a mi hermana… ¡Fuimos una burla por tu culpa! ―exclamó iracundo. Tomó a Layla por el