Pese al infortunio de tener la presencia de mi hermano en esa cena de caridad, la fundación de Layla tuvo éxito. Muchos empresarios se acercaron ofreciendo su dinero, la mayoría parecían asesorados por el señor Ghazi. Me sorprendía que apoyara con tanto empeño a Layla sin conocerla.
Al día siguiente, Layla y los niños disfrutaron de los extensos jardines antes de que regresáramos a Rusia, y durante todo el camino mi hermosa princesa árabe no dejaba de ofrecerme sonrisas dulces y pícaras.
―Pront