Solo había pasado un día en este maldito cuarto oscuro que parecía caerse a pedazos. Samar era muy inteligente y desconfiada. Tanto la comida como el material para curarme las heridas, me las arrojaba a la cama o las acercaba con una bandeja. Sabía lo ágil que podía ser y con un solo error que cometiera, podía obligarla a liberarme, aunque me sentía aún muy débil y adolorido para pelear.
De pronto la puerta se abrió, azotándose. Samar llevaba solo un periódico doblado, se plantó a unos pasos