LAYLA
—Tienes prohibido volver a acercarte a él… ¿entendiste? —dictó Viktor en cuanto quise socorrer al hombre en el suelo. Le había golpeado tan fuerte que parecía no tener fuerzas para levantarse—. ¡¿Entendiste?!
Me quedé congelada ante la furia de sus ojos.
—¿No escuchaste, estás sorda? —preguntó Olga tomándome por el brazo y alejándome—. Como su esposa, debes ser aún más obediente que antes.
Desvíe mi mirada hacia el anillo, ¿eso significaba ser su mujer, volverme aún más abnegada y obedie