Madison
Abandono toda esperanza de que se trate de alguien más cuando veo bajar al mismo señor mayor que vi antes de irme de la casa de Alec. El señor arruga la vista debido al sol, y enseguida se pone un par de lentes oscuros. Se da la vuelta y saca la silla de ruedas de mi jefe.
Por instinto, salgo corriendo a ayudarlo, a pesar de que mi corazón va más rápido que el galope de un caballo.
—Buenos días, señor —saludo.
Mi padre avanza detrás de mí, pero mantiene su distancia.
—Señorita, buenos d