Alec
No quiero ni verle la cara a la arpía de mi mujer. Todavía me cuesta trabajo creer que mi abuelo tenía razón. No sé si yo no quería admitirlo, o si de verdad fui tan ciego como para no darme cuenta de la clase de persona que es en realidad. Sea como sea, ya el daño está hecho, ahora lo único que me queda es buscar solucionar este horrible problema.
Para esta hora, ya todo Texas debe saber la supuesta “verdad” de ese infame artículo, incluyendo a Madison.
¿Qué pensará de mí? ¿De Jennifer? E