PILAR
El señor Farías me perdonará. Al menos, creo que lo hará. Tendrá que hacerlo.
Si no lo hace, bueno, al menos respetará mi iniciativa.
Estoy sentada en la mesa junto a la ventana principal de la pastelería de Chloe, donde he estado desde que regresé de su casa esta mañana. Me tomó unos minutos quitarme con la ducha su embriagador aroma y ponerme ropa limpia para el trabajo, pero luego corrí hacia aquí para disculparme con ella en persona por haber desaparecido. Y, al mismo tiempo, para ped