Santos
Coloqué mis manos en los bolsillos de mis pantalones, con mis pies ligeramente separados mientras la observaba, tratando de descifrar qué estaba pasando en esa linda cabecita suya. —¿Qué puedo hacer por ti, Mariel?
—Por última vez, mi nombre es Miel.
—¿De qué es de lo que quieres hablar?
Sus cejas oscuras se juntaron, y con sus labios hacia abajo se aseguró de que yo viera en su rostro cuánto me odiaba. Pero había algo en la forma en que me miraba, un destello de sensualidad mezclado con