PILAR
Me siento mareada cuando me doy cuenta de que estoy conteniendo el aliento, esperando a escuchar lo que el señor Farías le dirá a Samantha, la mujer que ama. Luego respiro hondo y comprendo que mi mareo se debe a una razón completamente distinta.
Quiero que diga lo «correcto».
Sé que no es justo, pero los celos me pican en el corazón como una astilla en un calcetín. Hasta que Sam dijo «arreglemos esto», me había engañado a mí misma pensando que mis sentimientos por el señor Farías eran pu