John se salpicó el agua del río en la cara, nuevamente sus manos estaban manchadas de sangre.
Los miró, temblando y helado.
Cerró los ojos.
En su mente escuchó los gritos de ese macho, abrazando el cuerpo ensangrentado de su esposa, John dejó caer su espada plateada al suelo, con el diseño de Helena.
Luego miró hacia la casa, al entrar esperó a encontrar a Helena, su olor estaba por todas partes, sin embargo no había ni rastro de ella, miró una canasta de telas manchadas de sangre, vendajes que