Helena miró el sendero que conducía a la región montañosa, tomó su bulto y siguió caminando, cada paso que daba era cuidadoso, la zona se veía peligrosa, mientras el aire frío golpeaba su rostro, haciéndola temblar incontrolablemente, continuó por el sendero a lo que parecían horas a la vez, cada vez más y más fuertes.
Helena jadeó y miró al horizonte, la imagen de toda la isla de los cuervos se extendía frente a ella, un bosque casi congelado, profundo y enorme, ciudades y pueblos, el viento er