Todos los caballos estaban en el establo. Corrí hasta el más cercano y lo jalé y monté, al subir, apreté mis piernas y lo hice correr lo más lejos que pude.
Era de madrugada y opté por una carretera que me llevaría a la Riviera. Las tierras del duque Charles Edwards estaban más cerca que la capital y el palacio, y él tenía hombres, guerreros, ciertamente después de que yo contara mi historia, ellos protegerían a la princesa.
Mientras cabalgaba hacia las primeras luces del amanecer pensé en todo