CAPÍTULO CIENTO DOS: De nada.
Punto de vista de Elena
—Vaya, vaya, vaya —dijo Amara, levantando la vista desde la recepción con esa sonrisa pausada que siempre me dedicaba—. Mira quién por fin recordó que existimos.
Solté una risa suave, acomodándome mejor el bolso sobre el hombro.
—He estado ocupada —dije, inclinando la cabeza a modo de disculpa.
—Siempre estás ocupada —respondió ella, mientras buscaba algo detrás del mostrador—. ¿El mismo paquete de siempre?
—Por favor.
Me entregó una bata y una llave de casillero, y exha