Capítulo 51 —La Fachada
El comedor del hotel cinco estrellas destilaba una opulencia silenciosa a las ocho de la mañana. Los grandes ventanales dejaban entrar una luz grisácea que apenas lograba competir con la calidez de las lámparas de araña. Entre el aroma a café recién tostado y el tintineo sutil de los cubiertos de plata, Sergio apareció arrastrando el cuerpo con una pesadez que no recordaba haber sentido jamás.
Las ojeras que enmarcaban sus ojos grises eran de campeonato, dos sombras oscur