Capítulo 50 — Líneas de Fractura
El silencio que quedó en el bar del hotel tras la marcha de Maribel no fue pacífico; fue el tipo de silencio sordo que sigue a una detonación controlada. Sergio se quedó inmóvil en medio de la penumbra verde botella, de pie sobre la alfombra densa y todavía en calcetines. La vibración de aquel beso salvaje, donde le había metido la mano por el escote y le había reclamado las nalgas con la urgencia de un náufrago, todavía le quemaba los labios. Pero el sabor dulce