Capítulo 48 —Casualidad
El Mercedes negro de Paul Hamilton se detuvo con suavidad frente a la escalinata iluminada del hotel. La llovizna londinense se había transformado en una niebla densa que envolvía las farolas de la acera en un halo dorado. Paul descendió primero, rodeó el coche con su habitual prestancia británica y le abrió la portezuela a Maribel, ofreciéndole la mano para ayudarla a salir.
—Ha sido una velada excepcional, Maribel —dijo Paul, deteniéndose a un paso de las puertas girat