Capítulo 49 —El Impulso
La penumbra del bar del hotel se había transformado en un santuario sofocante donde el resto del mundo había dejado de existir. El beso continuó extendiéndose, devorándose los segundos con una ferocidad que rozaba la desesperación. Ya no había sutilezas ni estrategias; solo quedaba el lenguaje descarnado de dos cuerpos que se reconocían en la clandestinidad de la noche.
Sergio la estrechó con una fuerza que amenazaba con fusionar sus costillas, hundiéndose más y más en la