Capítulo 32 —El Cobro de la Apuesta
El dolor de cabeza no fue lo primero que la despertó, sino el frío.
Maribel estiró el brazo sobre las sábanas blancas del motel, buscando el calor del cuerpo que la había sostenido durante la madrugada, pero sus dedos solo rozaron la tela arrugada y helada. Abrió los ojos de golpe, parpadeando con dificultad en la penumbra de la habitación.
—¿Sergio? —susurró. Su propia voz le sonó extraña, rasposa, cargada de una timidez que aún flotaba en el ambiente.
No hub